Nivel Total, de Burbujas a Láser
Desde el Antiguo Egipto hasta los niveles láser modernos, nivelar ha sido una tarea clave en la construcción. La precisión ha cambiado de forma, pero no de importancia.
La necesidad de trabajar con precisión ha acompañado a la construcción desde sus orígenes. Ya en el Antiguo Egipto, los constructores sabían que lograr estructuras estables y visualmente armónicas requería algo más que buen ojo. Con herramientas rudimentarias como canales con agua y cuerdas tensadas, lograban nivelar y alinear piedras de gran tamaño con una exactitud sorprendente para su tiempo. La búsqueda por la perfección horizontal y vertical no es nueva: es el punto de partida de toda buena obra.
La evolución de las herramientas de nivelación ha seguido el ritmo del avance tecnológico, pero su objetivo esencial sigue siendo el mismo: asegurar que cada elemento esté correctamente alineado para evitar errores acumulativos que afecten estructura y estética.
En 1661, el científico francés Melchisédech Thévenot patentó el nivel de burbuja, un invento revolucionario que trajo precisión y portabilidad a la obra. Su diseño básico —un tubo transparente con líquido y una burbuja que se alinea en el centro cuando la superficie está nivelada— sigue vigente hoy en múltiples versiones manuales y digitales.
El salto a la era digital llegó con los niveles láser, que permiten proyectar líneas perfectamente rectas.
Estas herramientas son indispensables en acabados, instalaciones, replanteos y todo tipo de trabajos donde el margen de error debe ser mínimo y la velocidad de ejecución, alta.