La Trampa de Grasa
Las trampas de grasa e interceptores no son un accesorio “deseable”; son una obligación legal, sanitaria y el punto más crítico en la plomería de una cocina comercial.
Su única función es interceptar el enemigo número uno de la red sanitaria: los FOGs (grasas, aceites y sólidos, por sus siglas en inglés), antes de que lleguen al drenaje municipal. Si la trampa falla, el resultado no es una simple gotera: es el colapso total de la operación, multas paralizantes y, potencialmente, la clausura del negocio.
El error técnico más grave, y el más común, es el dimensionamiento. Instalar una trampa “genérica” o subdimensionada solo para “cumplir” con la inspección inicial es un fracaso garantizado en meses. El cálculo correcto no es “al tanteo”; debe basarse en normativas claras (como la NMX-AA-009) que consideran el flujo (GPM) de las tarjas, el volumen de descarga y el tiempo de retención necesario para que la grasa (más ligera) flote y los sólidos (más pesados) se asienten. Una trampa chica se satura en días, permitiendo que la grasa caliente fluya, se solidifique kilómetros abajo y tape la red pública.
Esto no solo enfurece a la autoridad (SACMEX, etc.), sino que viola directamente la NOM-002-SEMARNAT sobre límites de descarga. El plomero profesional se vuelve un socio estratégico porque el mantenimiento de la trampa de grasa no es opcional: solo funciona si se limpia.

La solución real es un servicio preventivo bajo contrato, con limpieza calendarizada usando succión para evacuar los FOGs, no un destape de emergencia.
Si la grasa escapa y llega al cárcamo de bombeo, el desastre se duplica, atascando flotadores, quemando la bomba y provocando retornos de aguas negras. Tu trabajo no es solo instalar, es vender la garantía de operación continua.
