Cuida Tu Calentador Desde Adentro
Imagina esto: Un cliente compra un calentador, en menos de un año, regresa con reclamos porque el equipo presenta fugas. El diagnóstico es claro: el problema no fue el equipo, fue el agua. “Repararlo costaría más que comprar uno nuevo”, dice el técnico.
Cristalina, incolora, aparentemente inofensiva, el agua puede ser el peor enemigo de un sistema de calentamiento si contiene componentes agresivos. Aunque el agua es sinónimo de vida, no toda el agua “nace igual”.
En muchas regiones de México, el agua que llega a casas, negocios e industrias puede contener altos niveles de minerales, sales o incluso contaminantes que, con el tiempo, deterioran los sistemas de calentamiento.

Cuando el agua es demasiado dura o corrosiva, los calentadores duran menos, pierden eficiencia y representan un riesgo de fuga o falla total.
¿QUÉ TIENE EL AGUA QUE DAÑA TANTO?
El enemigo de los calentadores muchas veces viene disfrazado de lo más inofensivo: agua cristalina que, a simple vista, parece limpia. Sin embargo, cuando el agua contiene altas concentraciones de sales minerales como calcio y magnesio —lo que se conoce como “agua dura”—, estas se acumulan dentro del tanque y las tuberías, formando sarro que reduce la eficiencia del equipo y acelera su desgaste.
Pero ahí no acaba la historia: los cloruros y sulfatos pueden corroer metales, el pH muy bajo (ácido) o muy alto (alcalino) también ataca las superficies internas, y el oxígeno disuelto actúa como un catalizador silencioso que oxida partes metálicas, desde el ánodo hasta la válvula de alivio.
Señales de advertencia:
- El cliente reporta sabor metálico u olor a huevo podrido.
- Hay sarro visible en grifos o resistencia eléctrica.
- Los equipos duran menos de dos años.
CORROSIÓN: EL ENEMIGO SILENCIOSO
La corrosión es, sin duda, el adversario más sigiloso y destructivo que enfrentan los calentadores de agua.
Es una reacción química implacable entre el metal y el ambiente que lo rodea.
Entender cómo opera es crucial para prolongar la vida útil de tu equipo y garantizar la seguridad en tu hogar o negocio. Existen varios tipos de corrosión que acechan a los calentadores de agua:
CORROSIÓN GALVÁNICA: Esta ocurre cuando dos metales distintos, como el cobre y el acero, entran en contacto dentro de un ambiente conductor (el agua). Se genera una corriente eléctrica que, inevitablemente, provoca el deterioro acelerado del metal menos noble o más débil. Es un problema común en las conexiones y uniones, donde diferentes materiales se encuentran.
CORROSIÓN POR PICADURA: A menudo subestimada, esta forma de corrosión se manifiesta en puntos muy específicos y localizados del metal. Aunque pequeña en apariencia, la picadura puede profundizar rápidamente, creando orificios y fugas que, si no se detectan a tiempo, pueden causar daños significativos por agua y un desperdicio considerable.
CORROSIÓN ELECTROLÍTICA: Este tipo de corrosión es menos común, pero igualmente dañina. Se produce debido a la presencia de corrientes parásitas o errantes que no están correctamente aisladas en las instalaciones eléctricas. Estas corrientes encuentran en el metal del calentador un camino para circular, provocando un desgaste acelerado y un deterioro prematuro.

Las consecuencias de un tanque afectado por corrosión son graves.
Un calentador de agua comprometido internamente por la corrosión puede explotar bajo presión, filtrar agua de manera constante, o simplemente perder eficiencia drásticamente, lo que se traduce en mayores costos energéticos y un suministro de agua caliente deficiente.
