Así Se Construía Hace Un Siglo
Hace 100 años, levantar una casa en México era una tarea de precisión manual, conocimiento empírico y herramientas básicas… pero con resultados duraderos.
La construcción en México, hace un siglo, era un verdadero ejercicio de fuerza y saber práctico. Sin revolvedoras eléctricas, sin taladros, sin varilla industrial ni niveles láser, el proceso de edificar una vivienda se realizaba casi por completo con herramientas manuales y mucha destreza. Lo que hoy resuelven las máquinas en minutos, antes requería horas de trabajo físico y coordinación entre oficios.
Las casas de la época se levantaban con los materiales disponibles en la región: adobe en zonas áridas, piedra en terrenos montañosos, tabique recocido donde ya existían ladrilleras. La mezcla de cal, arena y agua se preparaba en el suelo, con pala, sin morteros automáticos. La estructura confiaba en vigas de madera, muchas veces cortadas a mano, y los techos se cubrían con terrado o teja, materiales tradicionales que ofrecían buen aislamiento térmico.
El cálculo estructural se hacía por experiencia: si una pared debía sostener peso, simplemente se hacía más ancha o se reforzaba con lo que se tuviera a la mano, como rieles de ferrocarril reciclados o alambres retorcidos, porque aún no se fabricaban varillas como las conocemos hoy. La verticalidad de los muros se medía con plomadas y mangueras con agua, métodos ingeniosos pero precisos.
A pesar de todas las limitaciones tecnológicas, muchas de esas viviendas siguen en pie hoy.
Esto no solo habla de la calidad de los materiales, sino de la técnica transmitida de generación en generación: albañiles que aprendían observando, calculaban con la vista y dominaban cada parte del proceso porque lo vivían completo, desde los cimientos hasta el remate del techo.
En tiempos donde el cemento apenas comenzaba a usarse, el fraguado era lento y requería paciencia. No existía el ritmo acelerado que marca la obra moderna, pero sí había un enfoque claro en la durabilidad y el detalle. Cada mezcla, cada ladrillo, cada trazo se hacía con propósito.
Hoy contamos con herramientas más rápidas y materiales más estandarizados, pero vale la pena recordar que la construcción también es una herencia cultural. Aquellas casas centenarias son un recordatorio de que, incluso sin tecnología, la experiencia, la buena mano de obra y el respeto por el oficio pueden dejar huella por generaciones. En la ferretería actual, entender de dónde venimos también ayuda a valorar lo que ofrecemos.