Semblanza histórica del clavo

Publicado en: | 25 octubre, 2017

Los clavos han estado presentes en la vida del ser humano desde hace mucho tiempo, miles de años atrás, seguramente tan pronto como el hombre descubrió que el calentamiento del mineral de hierro podía formar metal; es entonces cuando las ideas para crear un objeto que ayudara a resolver muchas tareas de construcción, caza o utensilios, surgieron prontamente en la cabeza de aquellos individuos.

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La Biblia cuenta con una amplia serie de citas que mencionan a los clavos, incluyendo la importante referencia a la crucifixión de Cristo. Por su parte, se sabe que los romanos hicieron un uso extensivo de los clavos; cualquier fortaleza romana importante, debería tener su fábrica o taller, donde los herreros formaran los artículos de metal necesarios para el  ejército, entre ellos: clavos. Se ha documentado que el ejército romano dejó siete toneladas de clavos cuando evacuó la fortaleza de Inchtuthil en Perthshire. Es tan importante este objeto sencillo y simple en  la historia de la humanidad, que se cree que el término “centavo”, se utilizó en la Inglaterra medieval para referirse al precio de un centenar de clavos, y es que eran lo suficientemente valiosos y estandarizados, para ser utilizados  como un medio informal de intercambio. En aquel entonces, para la fabricación de clavos, el mineral de hierro se calentaba con carbono para formar una masa esponjosa y densa de metal, que luego tomaba forma de barras cuadradas a las que se dejaba enfriar. Después de recalentar la varilla en una forja, el herrero cortaría una longitud de clavo,  y martillaría los cuatro lados del extremo  suavizado, para formar un punto. Entonces el fabricante de clavos insertaba la pieza caliente en un agujero y con cuatro golpes de lanzamiento del martillo, formaría la cabeza del clavo. En tiempos de los Tudor, existe evidencia de que la forma de los clavos no había cambiado en absoluto, como se puede ver en los clavos encontrados en un barril de alquitrán, a bordo del ‘Rose Mary’, la nave insignia de Enrique VIII, construida en 1509 y recuperada desde el barro del Solent en 1982.

A partir de finales del siglo XVI, las hendiduras manuales desaparecieron con el surgimiento del molino de corte, que trozó barras de hierro en segmentos con una sección transversal uniforme, ahorrando esfuerzo manual. Eventualmente, en Estados Unidos, hacia finales del 1700 y principios de 1800, se diseñó una máquina de clavos que ayudó a automatizar el proceso. Pronto la fabricación del clavo en masa despegó, sobre todo en los Estados Unidos y el Reino Unido con sus mercados cautivos del imperio británico. Desde entonces se producen en grandes cantidades, aplicando una amplia diversidad de diseños y materiales, todo para adaptarse a diferentes propósitos.

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Normatividad que aplica para clavos en México.

La Norma Mexicana NMX-B-505-CANACERO-2011, que aborda tópicos de la Industria Siderúrgica, en particular de los Clavos, sus especificaciones y métodos de prueba, fueron elaboradas por el Comité Técnico de Normalización Nacional de la Industria Siderúrgica (COTENNIS), en el seno de la Cámara Nacional  de la Industria del Hierro y del Acero; su declaratoria de vigencia se publicó el 7 de julio de 2011, en el Diario Oficial de la Federación, entrando en vigor el 5 de septiembre del mismo año. La mencionada norma define clavo como la pieza fabricada con alambre de acero estirado en frío, de longitud y diámetro variable, con o sin cabeza y punta; que sirve para fijar, unir, colgar y sujetar objetos. El alambre de acero usado en la fabricación de clavos estándar con cabeza y sin cabeza, debe tener una resistencia a la tensión mínima de 686 MPa (70 kgf/mm2) y cumplir con lo especificado en la NMX-B-503-CANACERO Según la citada norma, los clavos los clasifican  conforme a su uso en: Clavo alfilerillo con cabeza y sin cabeza, para la fabricación de calzado, juguetes, cajas de madera, artículos de cuero, etcétera. Clavo estándar con cabeza y sin cabeza, para usos generales, como albañilería, carpintería, usos domésticos. Clavo concreto, para fijación en block, ladrillo, concreto, mampostería o en cualquier material donde un clavo e stándar se dobla. Clavo paraguas, para instalación de techos de lámina metálica, plástico y cartón en cubiertas de casas, bodegas y almacenes.

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Clavo roscado, rolado o anillado, para utilizarse en estructuras de madera permanentes sujetas a vibraciones y trabajos pesados como tarimas, huacales, casas de madera, casetas, etcétera. Clavo tablaroca, para la instalación de muros de tablaroca. Clavo tachuelón, para utilizarse en la instalación de recubrimientos y aislantes en techos y paredes. Clavo tomatero cementado, para fabricación de cajas de madera para frutas y verduras. Los clavos pueden suministrarse con recubrimientos, por lo que en el caso de ser galvanizado por inmersión en caliente, el recubrimiento debe determinarse conforme a lo especificado en la NMX-H-004. Los clavos roscado o rolado, clavo anillado, clavo tablaroca y clavo tachuelón; son considerados de fabricación especial, por lo que sus especificaciones dependen de las necesidades del comprador. Para determinar las dimensiones de los clavos de cada lote, se deben tomar muestras. El diámetro de la cabeza y la longitud del cuerpo de los clavos, se deben medir con un Vernier, y el diámetro del cuerpo debe medirse con  un micrómetro. El fabricante debe proporcionar al comprador un documento (declaración de conformidad del proveedor), donde se indique que el material fue fabricado y probado conforme a esta norma mexicana, junto con un informe de los resultados de prueba. Por acuerdo previo entre comprador y fabricante y cuando así se especifique en el contrato, pedido u orden de compra, el inspector que representa al comprador, debe tener libre acceso en cualquier tiempo a todas las partes de la empresa relacionadas con la fabricación del material  ordenado. El fabricante debe proporcionar al inspector sin cargo alguno, todas las facilidades razonables para satisfacerlo de que el material se suministra de acuerdo con esta norma mexicana.  A menos que se especifique otra cosa, las pruebas e inspección, deben efectuarse en la fábrica antes del embarque, y llevarse a cabo de manera que no interfiera con el trabajo de la planta.

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